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San Sebastián, del 16 al 18 de noviembre de 2016

El 18 de noviembre tuvo lugar nuestra intervención en el IX Congreso DOCOMOMO IBÉRICO. Se trata de la primera ocasión que compartimos en un contexto académico los emocionantes descubrimientos que estábamos realizando, gracias a las cartografías del Diseño Humano y el Eneagrama, a través del análisis y la investigación de los procesos vitales de arquitectos relevantes.
El Diseño Humano, en esta ocasión, nos ayudó a descubrir y confirmar el papel pionero y “catalizador” que Antonio Bonet Castellana tuvo tanto en España como en Latinoamérica.

Algunos apuntes sobre los invariantes de su bioforma:

Manifestador emocional que aplica conciencia mental a las cuestiones alimentadas por las dudas respecto al futuro, usando su inteligencia para juzgar lo que parece sospechoso. Las respuestas que formula están diseñadas para ser aplicadas a las preguntas que provienen del entorno que le rodea. Su carácter visionario da lugar a que otros provean de la energía específica para realizar lo que él sueña. Un diseño de individualidad con un inquieto deseo de explorar la profundidad y la consecuencia de nuestra capacidad de sentir (emoción). Disponía de la conciencia emocional con la que nuestra especie madura y evoluciona, y nuestra reserva genética se expande, resultando a la larga en el progreso del Colectivo: aprender mediante la experiencia por el bien de las generaciones venideras.

Breves notas sobre la ponencia:

El acto de caminar y descubrir La Solana está estrechamente unido a su nudo y compromiso con “la carne del mundo” (como escribiría Merleau-Ponty), de aquél mundo concreto (que es Sierra Ballena) individual e intransferible. Quizá sea precisamente por eso, por lo que Bonet se desliga de la ejecución de una promenade lineal y continua. Su promenade es intermitente, sentida, la afirmación de un estado del habitar crítico, poético, casi onírico. Como si de alguna manera, se hubiera enfrentado a las leyes de la transparencia del Estilo Universal desde un juego sincrético, casi críptico o velado. De eso se trata al fin y al cabo, de descubrir la Solana como un trasunto episódico que no muestra su cara más previsible, literal o visual. La Solana se descubre también mientras se camina, pero los caminos se diferencian, salen de sus centros y veredas, diluyen sus límites y bordes, acaso ofreciendo la libertad y lo inesperado. Son tres, quizás, los más distinguidos: el que accede al cuerpo principal del restaurante, el que sube mediante la rampa o escalera de piedra a la galería o planta primera, y por último, el que nos brinda la posibilidad de subir a la cubierta, una subida que no es tal, si tenemos en cuenta que realmente casi se sitúa a cota cero del terreno; de hecho esa es la sensación que, como apuntábamos, buscaba reflejar.

A la izquierda: Vista nocturna de La Solana / A la derecha: Ignacio Abad y Juan Moreno durante la ponencia

También es autora del artículo Alona Martínez Pérez . Profesora en Leicester School of Architecture, de Montfort University. Reino Unido. Doctora

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