¿Qué es Arquitectura Humana?



La experiencia de habitar es, en primer lugar, corpórea; física. Pero va mucho más allá. Cuando proyectamos un hábitat, no podemos olvidarnos de las dimensiones no físicas de todo ser humano: las personas para las que construimos, además de un cuerpo que ocupa una posición en el espacio y se desplaza, somos energía. Y esa energía está en permanente intercambio con lo que está más allá de la piel: el mundo alrededor.




¿Podremos permitirnos construir un entorno que proteja nuestro cuerpo sin olvidar que somos mucho más que un cuerpo?





En Arquitectura Humana nos ocupamos de conocer al ser humano que sabe que Habitar incluye otras dimensiones primordiales de sí mismo, sin las cuales se siente incompleto o fragmentado; desconectado de su naturaleza esencial.


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Nuestro trabajo comienza por el análisis y la compresión de los procesos internos de cada ser humano que nos confía el proyecto de su entorno. El Eneagrama es la herramienta con la que nos aproximamos al personaje: el yo. Al verse inmerso en un proceso de socialización, el individuo refuerza un yo que se va formando por adaptación al entorno a través del forcejeo o la represión de las fuerzas vitales que caracterizan y definen su unicidad






El Sistema de Diseño Humano nos revela, a través del Cuerpo Gráfico, las características primigenias del ser humano que han quedado enmascaradas por capas y capas de condicionamiento, como consecuencia de crecer en un contexto cultural y educativo homogeneizante, competitivo y alienante, muy alejado aún de la madurez que es vital para reconocer la singularidad del individuo y potenciarlo desde el respeto profundo por su naturaleza innata; su valor único e irreemplazable.





Con estas cartografías, en Arquitectura Humana, desplegamos una metodología propia que canaliza, paso a paso, el trazado de los límites materiales del proyecto y su ejecución. Cada proyecto es único, no sólo porque responde a un contexto único. Ante todo porque se origina como respuesta a la necesidad de Habitar de un individuo, una familia o un grupo humano que es absolutamente único e irrepetible. De su singularidad emergen las claves que sustentan las lógicas de nuestro proceso proyectual.