¿Cuál es nuestro objetivo?



En Arquitectura Humana proyectamos y construimos desde y con el ser humano. Partimos de la necesidad de reconocimiento de la naturaleza esencial de cada individuo, familia o colectivo para adaptar nuestros diseños a lo que es consistente y característico de su unicidad: sus fuerzas vitales son los motores que impulsan y dirigen el proyecto de su entorno.




¿Cómo están afectando los espacios que habitamos a nuestro organismo?





De manera alarmante, nuestra respuesta habitual al entorno cultural donde nos desarrollamos consiste en adaptarnos para ‘sobrevivir siendo alguien’ que en realidad NO somos. En este delicado proceso de adaptación nos vamos alejando progresivamente de nuestra naturaleza esencial. En cierta medida la vida queda comprimida y con frecuencia se vuelve una carga insostenible. De esta manera la vida se repliega y se marchita, y sólo en ocasiones muy raras florece. En la arquitectura y el urbanismo podemos reconocer con claridad estos procesos en los antipatrones de los modelos distorsionados que reproducen las formas y la materialidad de la mayor parte de nuestras casas, edificios y ciudades.


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En Arquitectura Humana trabajamos con un método de diseño adaptativo basado en la descodificación de cartografías del ser humano contrastadas empíricamente, que nos proporcionan una comprensión muy profunda de las experiencias humanas y de la correspondencia entre la vida y la forma. Tras un proceso de revelado y maduración, emergen aquellos verbos que caracterizan la singularidad del habitante de nuestro proyecto como principio de activación de la acción arquitectónica. Sólo cuando estas resonancias han sido activadas nos sentimos capacitados para acomodar el espacio y la materia a sus propios patrones de uso e interacción con el entorno, y de esta manera favorecer la respuesta creativa y sensible del ser humano como una totalidad en conexión con su propio mundo y el mundo compartido de las demás.






Cada diseño queda enraizado en un lenguaje de patrones que emerge de la esencia de ser un humano concreto. La persona para la que proyectamos es una totalidad individual, inseparable del entorno que la envuelve y con el qué se relaciona. Sus dimensiones física, psíquica y energética están íntimamente trenzadas y son profundamente afectadas por la atmósfera que respira. Su singularidad es el germen que impulsa el despliegue del entorno más cercano y característico a su alrededor que, además de protegerlo, lo comprende y lo respeta. La alimentación neurológica que genera el eco de estos espacios en nuestro organismo potencia la salud y confianza en la propia vida.





Nikos Salígaros se basa en profundos conocimientos matemáticos y científicos, para explicar la raíz de las formas y su relación con el ser humano: Los entornos deben hacer sentirse a gusto a los seres humanos, hacerles sentirse psicológicamente cómodos para que puedan llevar a cabo cualquier función que deban realizar inconscientemente, sin ser molestados bajo ningún aspecto por el entorno construido donde se encuentran. La arquitectura que defiende Salíngaros es mucho más que una carrera por la originalidad formal. Es el fruto de una disciplina y una metodología que reintroduce al ser humano en la naturaleza, ocupándose de su configuración fisiológica, psicológica y espiritual.